Vuelve el otoño
y no es para salvarme.
Navego en su aliento gris
sin pensar en nada ajeno al movimiento.
Detenerse es morir
como he muerto otras veces,
asombrada como una bengala
a la orilla del mar.
Vuelve el otoño y su cadencia de anciano
canturreando por las calles
contamina mi cuerpo de pereza.
Pierde sus hojas más asperas la vida
y en barro un pequeño insecto
escribe con sus alas que soy viuda de ti
aunque ignore por completo tu nombre.
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