"Al esforzarme en escribir es cuando he vuelto a la vida. Las palabras han vuelto a ser palabras y las rosas, rosas"
El viaje de Baldassar
Amin Maulouf
Cuando tenía unos diez u once años mi hermana mayor me regaló un diario. Tenía el tamaño de media cuartilla y las tapas de color rosa. Para cada día del año tenía reservado un espacio de unos cinco reglones, un espacio que quizás por breve me atreví a rellenar. Así, día a día, empecé a dejar escrito si había tenido o no clase de inglés, si era domingo y había visitado a mi abuela o los días que quedaban para que llegasen las vacaciones. Luego el diario rosa terminó y le siguieron cuadernos, de los normales, de papel cuadriculado y tapas de cartón. Con los años, alguna agenda regalada, alguno de esos cuadernos del todo a 100 forrado y adornado con un dibujo, un Moleskine… ahora, pasados los treinta, le sumo al ritmo de esos cuadernos este rincón de la red, dejando a un lado la intimidad de un lápiz de un papel pero escribiendo al fin y al cabo por los mismos motivos. Para que tú (me da igual quién seas) no me olvides…
Estos últimos años
he estado jugando a olvidar el idioma,
y ahora que lo he borrado por completo
pierdo las tardes con un diccionario entre las manos.
Recupero algo de mí con cada palabra
que utilizo de nuevo.
O tal vez debiera decir rescato:
Rescato algo de que lo que he sido con cada palabra
que empleo de nuevo.
Impaciente. Amor. Enredadera….
Escribo en la arena del parque los sinónimos de lágrima,
risa o coherencia.
Con las palabras derivadas de GRIS
doy de comer a las palomas
sin que esta vez me tiemble la mano.
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